doi: 10.56294/hl2023231

 

REVISIÓN

 

Pelvic Inflammatory Disease: Impact, Diagnosis and Prevention

 

Enfermedad Inflamatoria Pélvica: Impacto, Diagnóstico y Prevención

 

Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz1 , Diosmery Martínez Rojas1, Silvio Casabella Martínez1 , Angel Oshumaré Chacón Alpí1

 

1Universidad de Ciencias Médicas de Pinar del Río, Policlínico Universitario Docente “Pedro Borrás Astorga”. Pinar del Río, Cuba.

 

Citar como: Lescalle Ortiz Y de la C, Martínez Rojas D, Casabella Martínez S, Chacón Alpí AO. Pelvic Inflammatory Disease: Impact, Diagnosis and Prevention. Health Leadership and Quality of Life. 2023; 2:231. https://doi.org/10.56294/hl2023231

 

Enviado: 26-04-2023                   Revisado: 11-07-2023                   Aceptado: 11-10-2023                 Publicado: 12-10-2023

 

Editor: PhD. Prof. Neela Satheesh

 

ABSTRACT

 

Introduction: pelvic inflammatory disease (PID) is an upper genital tract infection that mainly affects the endometrium, fallopian tubes and pelvic peritoneum. It represented one of the most common causes of morbidity in young women of reproductive age, especially between 16 and 25 years. This condition was associated with sexually transmitted infections (STIs) and risky sexual behaviors, underscoring the importance of early detection and appropriate treatment. Its initial diagnosis was challenging due to the variety of clinical presentations and the lack of reliable epidemiological data.

Development: PID, in most cases, was caused by Neisseria gonorrhoeae and Chlamydia trachomatis, although it also involved microorganisms of the vaginal flora. The disease presented a multifactorial etiology, aggravated by risk factors such as multiple sexual partners, inadequate use of contraceptives and invasive gynecological procedures. Progression of the infection to the upper tract led to complications such as infertility, chronic pelvic pain and ectopic pregnancies. Timely identification of risk factors and the application of diagnostic tools, such as ultrasound and laparoscopy, were essential to reduce serious sequelae.

Conclusions: prevention emerged as the most effective strategy against PID, with comprehensive sexual education and access to barrier contraceptive methods standing out. Multidisciplinary care improved clinical outcomes and reduced the impact of this disease. In addition, the strengthening of health systems and awareness campaigns contributed to reducing incidence and long-term complications.

 

Keywords: Pelvic Inflammatory Disease; Sexually Transmitted Infections; Early Diagnosis; Reproductive Complications; Prevention.

 

RESUMEN

 

Introducción: la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) es una infección del tracto genital superior que afecta principalmente al endometrio, las trompas de Falopio y el peritoneo pélvico. Representó una de las causas más comunes de morbilidad en mujeres jóvenes en edad reproductiva, especialmente entre los 16 y 25 años. Esta afección se asoció con infecciones de transmisión sexual (ITS) y conductas sexuales de riesgo, lo que subrayó la importancia de una detección temprana y un tratamiento adecuado. Su diagnóstico inicial resultó desafiante debido a la variedad de presentaciones clínicas y la falta de datos epidemiológicos confiables.

Desarrollo: la EIP, en la mayoría de los casos, fue causada por Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis, aunque también involucró microorganismos de la flora vaginal. La enfermedad presentó una etiología multifactorial, agravada por factores de riesgo como múltiples parejas sexuales, uso inadecuado de anticonceptivos y procedimientos ginecológicos invasivos. La progresión de la infección hacia el tracto superior condujo a complicaciones como infertilidad, dolor pélvico crónico y embarazos ectópicos. La identificación oportuna de factores de riesgo y la aplicación de herramientas diagnósticas, como ecografías y laparoscopias, resultaron esenciales para reducir las secuelas graves.

Conclusiones: la prevención emergió como la estrategia más efectiva contra la EIP, destacándose la educación sexual integral y el acceso a métodos anticonceptivos de barrera. La atención multidisciplinaria permitió mejorar los resultados clínicos y disminuir el impacto de esta enfermedad. Además, el fortalecimiento de los sistemas de salud y las campañas de sensibilización contribuyeron a reducir la incidencia y las complicaciones a largo plazo.

 

Palabras clave: Enfermedad Inflamatoria Pélvica; Infecciones de Transmisión Sexual; Diagnóstico Temprano; Complicaciones Reproductivas; Prevención.

 

 

 

INTRODUCCIÓN

La enfermedad inflamatoria pelviana (EIP) carece de definición precisa; es un término general utilizado para referirse a la inflamación secundaria a una infección del tracto genital superior que incluye la participación de las siguientes localizaciones: - Endometrio (Endometritis) - Trompas de Falopio (Salpingitis ) - Ovarios ( ooforitis ) - Miometrio ( miometritis ) - Serosa uterina y ligamentos anchos ( parametritis ) - Peritoneo pélvico(pelviperitonitis). La inflamación de las trompas es el componente más característico y común; de tal forma, que salpingitis y EIP se usan como sinónimos en muchas ocasiones. Es una infección severa, cuyo diagnóstico debería ser considerado en toda mujer en edad reproductiva que acude con dolor pélvico. Es la infección grave más frecuente en mujeres entre 16-25 años en los países occidentales, por lo que se requiere un diagnóstico con alta sospecha clínica y un tratamiento que debe instaurarse precozmente para evitar las secuelas que pueden aparecer en el contexto de la EIP. A pesar de que a nivel mundial, es una causa importante de morbilidad y de infertilidad, no existen datos fiables en cuanto a su incidencia y prevalencia. Al no ser una enfermedad de declaración obligatoria, no existen criterios diagnósticos bien definidos y en muchos casos la presentación inicial es vaga y con síntomas leves o subagudos. En cualquier caso, existen determinados grupos de población, en los que la prevalencia de la EIP guarda relación con la presencia de las enfermedades de transmisión sexual.(1,2,3,4,5)

Puede aparecer en cualquier momento de la vida reproductiva de la mujer, aunque la adolescencia es el periodo de mayor riesgo, incidiendo más en las mujeres jóvenes y sexualmente activas, asociado con, intervenciones quirúrgicas, abortos previos, ITS, incremento de la actividad sexual, el cambio frecuente de parejas , varios compañeros sexuales a la misma vez ,el uso inadecuado de anticonceptivos que, como consecuencia, predisponen a la aparición de esta patología.(6,7,8,9) Se reconoce que las bacterias más frecuentes son Chlamydia trachomatis, Neisseria Gonorrhoeae y Mycoplasma genitalium,(4) ya que comúnmente son mal tratadas ante una infección vaginal y además son las que presentan mayor frecuencia en los tamizajes realizados a mujeres con infección por transmisión sexual. Estudios recientes sugieren que la proporción de casos de enfermedad pélvica inflamatoria atribuibles a N. gonorrhoeae o C. trachomatis está disminuyendo en América del Norte debido a los esfuerzos en salud pública para controlar la infección por ambos agentes, así como el tratamiento farmacológico oportuno. Mujeres que recibieron un diagnóstico de EPI aguda, <50 % dieron positivo para cualquiera de estos organismos. Los microorganismos que comprenden la flora vaginal (por ejemplo, anaerobios, G. vaginalis, Haemophilus influenzae, varillas gramnegativas entéricas y Estreptococos agalactiae) se han asociado también con la aparición de EIP. Además de la mayor incidencia de factores de riesgo relacionados con conductas sexuales inseguras, en la adolescencia hay mayor susceptibilidad a desarrollar salpingitis aguda, debido a la ectopia cervical presente a estas edades, que produce mayor área de epitelio cilíndrico glandular expuesta de forma directa al medio vaginal, y es más vulnerable a las infecciones antes mencionadas.(4)

Según lo establecido en la Organización Internacional de Clasificación de Enfermedades, se considera EIP, a la ocurrencia de episodios continuos de inflamación pélvica, cuando la enfermedad sobrepasa los 30 días o cuando se refiere a dolores pélvicos crónicos durante seis meses o más, sean por adherencias pélvicas u oclusión de trompas por recidivas de inflamaciones anteriores, donde está incluida también la endometritis. Se plantea que, en mujeres menores de 20 años, el riesgo de padecer esta enfermedad es 3 veces mayor que en el grupo de 25 a 29 años. Otros autores aseveran que este riesgo es mayor en adolescentes sexualmente activas, entre 15 y 19 años es de 1/8, en contraste con jóvenes de 24 años que es de 1/80.(4,10,11) Entre 25 y 80 % es producida por el gonococo, de 10 a 40 % por chlamydias, y en 2/3 de los casos, hay presencia de anaerobios como se ha encontrado en el 84 % de las pacientes con abscesos tubo-ováricos.(10) Los países desarrollados, reportan dos tercios de las infecciones de transmisión sexual en pacientes menores de 25 años. Se estima que tres millones de jóvenes en el mundo, adquieren una cada año y que este problema afecta a una de cada seis adolescentes sexualmente activas, siendo EE.UU. el país de mayor incidencia,(9,10) estimándose un 4,4 % en mujeres sexualmente experimentadas en edad reproductiva (18-44 años) .(12,13,14) En países de Asia el reporte de la enfermedad es de un 24 % en mujeres de la India y 8 % en Pakistán.(15,16)

 

Objetivo

Analizar las características clínicas, etiológicas, factores de riesgo y estrategias diagnósticas de la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), con el propósito de destacar su impacto en la salud reproductiva de las mujeres y promover un manejo adecuado que prevenga complicaciones a largo plazo.

 

DESARROLLO

La propagación de microorganismos en la EIP ,se produce predominantemente por vía canalicular.(1,2,3,17,18,19,20,21) Si bien la definición clásica de enfermedad pélvica inflamatoria incluye solo la diseminación canalicular espontánea de microorganismos, y no se asocia a procedimientos quirúrgicos ni al embarazo, en la actualidad también consideramos la inserción de un dispositivo intrauterino (DIU), biopsia endometrial, legrado, entre otros, como responsables del síndrome.(22) La EIP es una de las enfermedades de transmisión sexual más importantes y, en la mayoría de los casos, es una de las principales consecuencias de la cervicitis. La falta de diagnóstico y tratamiento rápidos, o el tratamiento inadecuado de los casos de la enfermedad, aumentan el riesgo de complicaciones graves, con consecuencias extremadamente negativas para la salud de la mujer, además de los costos económicos y sociales. Las principales secuelas implican infertilidad, embarazo ectópico y dolor pélvico crónico.(23) Se observó que, a los siete años del primer episodio, el 21,3 % de las mujeres presentó recidiva, el 19 % desarrolló infertilidad y el 42,7 % refirió dolor pélvico crónico.(24,25,26,27) Los datos de prevalencia existentes están subestimados, ya que la enfermedad inflamatoria pélvica no es de informe obligatorio y, por lo tanto, se desconoce el número de mujeres afectadas. demás, muchos casos se presentan con síntomas clínicos leves o escasos y pasan desapercibidos.(24) Los estudios indican que del 10 % al 40 % de las mujeres con cervicitis por N. gonorrhoeae o C. trachomatis desarrollan EIP. En Brasil, a través del Sistema de Información Hospitalaria del Sistema Único de Salud (SUS), se obtuvo el número de hospitalizaciones de mujeres con enfermedad inflamatoria pélvica desde enero de 2015 hasta agosto de 2016, con un promedio de 45 343 casos por año. Sin embargo, es importante señalar que estos datos reflejan solo los casos graves del síndrome, que requirieron atención hospitalaria, y representan solo una pequeña porción de las mujeres afectadas, ya que la gran mayoría presenta la infección con síntomas leves y moderados o son asintomáticas.(25)

Clásicamente, el canal endocervical está considerado una barrera protectora del tracto genital superior. La infección endocervical con patógenos sexualmente transmisibles rompe esa barrera y proporciona a las bacterias vaginales acceso a los órganos genitales superiores, infectando el endometrio, después la endosalpingitis, el córtex ovárico , el peritoneo pélvico y el estroma subyacente.(26) Las razones por las cuales las bacterias del tracto genital inferior causan enfermedad inflamatoria pélvica en, solamente, algunas mujeres no son totalmente conocidas, pero pueden estar relacionadas a las variaciones genéticas, a la menstruación retrógrada, a la respuesta inmune, a la carga bacteriana de los patógenos y a las oscilaciones hormonales del ciclo menstrual, considerando que el moco cervical menstrual tiene menor efecto bacteriostático.(27) La progresión de la infección por agentes aeróbicos determina un mayor consumo de oxígeno y una disminución del potencial redox local, lo que, junto a los tejidos desvitalizados, proporciona un ambiente de microaerofilia o incluso anaerobiosis (teoría de Monif). En este ambiente, los microorganismos que llegaron al tracto genital superior experimentan una fase de crecimiento lento y se desarrollan agentes anaeróbicos oportunistas. Como resultado, se obtiene una condición infecciosa polimicrobiana.(28) con base en la observación de que dos tercios de las mujeres con ITS no tenían antecedentes o tratamiento de enfermedad inflamatoria pélvica, se propuso el concepto de enfermedad inflamatoria pélvica subclínica, que se encuentra tan comúnmente como la enfermedad clínica y presenta las mismas etiologías.(29)

La mayoría de los casos se debe a patógenos de transmisión sexual, como N. gonorrhoeae y C. trachomatis como ya hemos citado anteriormente. Una minoría de los casos agudos no se transmite sexualmente, pero están asociados con gérmenes que colonizan el tracto genital inferior o entérico, como Mycoplasma hominis y Ureaplasma urealyticum, Peptococcus spp., Peptoestreptococcus spp., Bacteroides spp., Escherichia coli, Streptococcus agalactiae y Campylobacter spp., además de patógenos respiratorios (por ejemplo, Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae, Streptococcus del grupo A y Streptococcus aureus).(30) Los aerobios facultativos de la microbiota se consideran agentes causales potenciales. El uso de métodos de cultivo para la identificación de microorganismos ha permitido conocer mejor la composición de la microbiota vaginal sana, constituida, en la mayoría de los casos, por una o más especies de Lactobacillus, que actúan en la protección del medio vaginal.(31) Estados de desequilibrio, como la vaginosis bacteriana, que incluye la reducción o la ausencia de Lactobacillus sp. y el aumento de las concentraciones y la variabilidad de microorganismos anaeróbicos, como Gardnerella vaginalis y Mycoplasmas sp., pueden contribuir a la migración de microorganismos al tracto genital superior. Se ha demostrado qua vaginosis bacteriana aumenta dos veces el riesgo de enfermedad inflamatoria pélvica.(32)

Aunque el aislado de microorganismos en el tracto genital superior se ha asociado hasta ahora con estados patológicos, los estudios que utilizan métodos moleculares han demostrado la presencia de microorganismos en el endometrio de mujeres sanas, incluidas especies de Lactobacillus, Mycoplasma hominins, G. vaginalis y Enterobacter sp., entre otros.(33) Sin embargo, aunque las mujeres sanas pueden albergar tales microorganismos, su papel en los estados de salud y de enfermedad aún no se conoce bien. Probablemente las interacciones entre el agente infeccioso y la inmunidad del tracto genital sean determinantes de la permanencia en el estado sano o en el cambio al estado patológico. Además, las técnicas moleculares han identificado nuevos microorganismos, como Atopobium vaginae, y los estudios también han identificado nuevas especies bacterianas y nuevos géneros en el tracto genital superior de mujeres con enfermedad inflamatoria pélvica. Así, es necesario aclarar cuestionamientos sobre la existencia de un microbiota sano en el tracto genital superior, y sobre la posibilidad de que los mecanismos que predisponen al desequilibrio de la flora vaginal fisiológica también predispongan a la infección. Seguramente, tales respuestas darán lugar a preguntas sobre cuáles serían los mejores enfoques para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad inflamatoria pélvica, bien como las formas más efectivas de actuar en su prevención.(34)

 

Factores de riesgo principales

1. Edad inferior a 25 años: las mujeres jóvenes, generalmente en la segunda o tercera década de la vida, son las más afectadas por esta enfermedad, lo cual parece depender de la alta prevalencia de las ETS.(35)

2. Múltiples compañeros sexuales: como ocurre en otras ETS, las mujeres solteras y sexualmente promiscuas son las más afectadas por EIP. Las mujeres con múltiples compañeros sexuales, tienen un riesgo mayor de 4,5 veces de padecer una EIP que las monogámicas. Se ha encontrado como factor de riesgo de mayor significación el tener un más de un compañero sexual en los treinta días previos a la infección, más que el número total de compañeros que hubiese podido tener en el transcurso de su vida.(36)

3.Enfermedades de transmisión sexual: la presencia o historia de otras ETS aumenta el riesgo de padecer una EIP. Se ha encontrado que el antecedente de EIP gonocócica es un factor de riesgo para episodios subsecuentes de EIP no gonocócica.

4. No utilización de métodos de barrera: éstos parecen disminuir el riesgo de hospitalización de EIP, al reducir el riesgo de padecer ITS.

5. Anticoncepción oral: clásicamente, los anticonceptivos orales han tenido un papel de protección frente a EIP-ETS, posiblemente, por las alteraciones que producen en el moco cervical, por la reducción del volumen y duración del sangrado menstrual y alteraciones de factores inmunológicos. Actualmente se piensa, que el papel protector de los ACO probablemente se haya sobreestimado, incluso se especula, sobre la posibilidad de favorecer la infección silente y repercutir sobre las secuelas. La ectopia asociada a los ACO, favorece la colonización por clamidias. Aun aceptando un mayor riesgo de ETS, no se incrementan las tasas de EIP.

6. Dispositivos intrauterinos: el DIU incrementa el riesgo de padecer EIP en los primeros tres o cuatro meses de la inserción, por la manipulación.(37)

7. Historia previa de EIP: un tercio de las mujeres con EIP van a tener más de brote sucesivo, el segundo de los cuales aparece en el primer año después del primer brote en la mitad de las pacientes. Gonococo y clamidias, se aíslan con menos frecuencia que en el primer brote. Son determinantes en la cronicidad del proceso: la falta de tratamiento de las parejas sexuales, la lesión tubárica residual, el tratamiento incompleto o la persistencia de las mismas conductas sexuales y factores de riesgo.

8. Historia de vaginosis o cervicitis: diversos datos sugieren que la vaginosis bacteriana incrementa el riesgo de EIP asociada a gérmenes endógenos.(38)

9. EIP iatrógena: secundaria a distintas maniobras realizadas a nivel del tracto genital inferior y superior, facilitando el ascenso de gérmenes, como son el parto, legrado, inserción de DIU, histeroscopia, punción transvaginal, histerosalpingografía, etc… Se estima que la EIP iatrogénica representa entre el 10 y 15 % de los casos. Para minimizar este porcentaje se propone la realización de una profilaxis antibiótica (tetraciclinas, cefalosporinas o macrólidos); estudio microbiológico previo de cérvix y vagina, especialmente en mujeres de riesgo de ETS; realización de los procedimientos con una adecuada desinfección vaginal previa.

 

Aspectos clínicos

El diagnóstico clínico sigue siendo el enfoque más importante en la enfermedad inflamatoria pélvica, a pesar del amplio espectro de presentaciones clínicas. Aproximadamente el 65 % de los casos puede ser oligosintomáticos y asintomáticos y luego mostrar infertilidad debido al factor tubárico.(39) El curso temporal es típicamente agudo y se desarrolla durante varios días; sin embargo, una presentación más extensa puede ocurrir durante semanas o meses. Los síntomas, cuando están presentes, pueden incluir fiebre, dolor abdominal, dolor pélvico, dispareunia, flujo vaginal y disuria o polaquiuria.40 Se observa sangrado uterino anormal (sangrado poscoital, sangrado intermenstrual y menorragia) en un tercio o más de los casos. La aparición reciente de dolor abdominal o pélvico, o ambos, que se intensifica durante las relaciones sexuales o durante el movimiento vigoroso, puede ser el único síntoma. El inicio del dolor durante o poco después de la menstruación es particularmente sugestivo.(41) Solo una minoría desarrolla peritonitis o absceso pélvico, que generalmente se manifiestan por un dolor más intenso, mayor sensibilidad al examen y características sistémicas, como fiebre.(41,42) Más raramente, ocurre extensión hasta la cápsula hepática, causando perihepatitis (síndrome de Fitz-Hugh Curtis)o septicemia, o ambas.(43,44)

El examen clínico debe incluir la medición de los signos vitales; examen abdominal; examen especular vaginal, con inspección del cuello uterino en busca de friabilidad (sangrado fácil) y secreción mucopurulenta cervical; toque vaginal bimanual, con movilización cervical; y palpación de los anexos (ovarios y trompas uterinas).(45) Las secuelas son dolor pélvico crónico, embarazo ectópico e infertilidad. Aproximadamente el 25 % de las mujeres con enfermedad pélvica inflamatoria tendrá dolor pélvico crónico, entre el 10 % y el 50 % tendrá infertilidad y entre el 15 % y el 60 % tendrá un embarazo ectópico, generalmente causado por cicatrices y adherencias en las trompas de Falopio.(45,46) Estas proporciones generalmente aumentan con el número de episodios de infecciones, siendo muy alto en partes de África, Asia y América del Sur, donde la atención médica no es fácilmente accesible. También hay relatos de que la enfermedad pélvica inflamatoria puede estar asociada con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular, cáncer de ovario y obstrucción aguda del intestino delgado.(47)

 

Diagnóstico

El diagnóstico clínico con sospecha de EIP se basa en la presencia de tres criterios principales asociados con un criterio menor.

 

Criterios Mayores

-    Historia o presencia de dolor abdominal bajo.

-    Dolor a la movilización cervical en la exploración vaginal.

-    Dolor anexial en la exploración abdominal.

-    Ecografía que no sugiere otra patología.

 

 Criterios Menores

-    Temperatura superior a 38ºC.

-    Leucocitosis superior a 10000. - VSG elevada.

-    Tinción de exudado intracervical que demuestra la presencia gonococo, cultivo positivo a gonococo, o cultivo positivo u observación al examen directo por C.trachomatis.

 

Las pruebas de laboratorio y de imagen ayudan en el diagnóstico y en la evaluación de la gravedad y son importantes en los casos oligosintomáticos. Sin embargo, en caso de importante sospecha clínica, el tratamiento no debe retrasarse. Para el diagnóstico de la EIP se requieren las siguientes pruebas complementarias:

1. Hemograma: La leucocitosis > de 10000 aparece en menos de las dos terceras partes de las pacientes con EIP.

2. Bioquímica general: VSG, PCR (más específica), se eleva antes que la VSG y aparece aumentada en el 80 % de los casos.

3. Test de gestación: Descartar embarazo ectópico como causa de los síntomas. La presencia de EIP en gestantes es criterio de ingreso hospitalario.

4. Sedimento y cultivo urinarios: descartar infección del tracto urinario.

5. Microbiología: Toma de muestras pertinentes para profundizar en el diagnóstico microbiológico. Se realizará:

-     Exudado vaginal: La toma de muestra se hará en el fondo de saco de Douglas, determinando vaginosis por Gardenella vaginalis y S. aureus, así como la determinación de Tricomonas mediante un examen en fresco o con el medio Roiron.

-     Exudado endocervical: Con éste determinaremos la presencia de C. trachomatis (en el laboratorio de nuestro hospital no se realiza, se requieren medios especiales), Micoplasma, gonococo, ureoplasma. Es importante que siempre se realice una Tinción de Gram pues da el diagnóstico del 90 % de las gonococias.

6. Serología luética, VIH, VHB.

7. Examen en fresco y tinción para Tricomonas en exudado vaginal.

8. Ecografía pélvica (transvaginal o abdominal): Es de utilidad para detectar la presencia de una masa, un absceso tuboovárico, colecciones, hidro o piosalpinx o liquido en Douglas.(48)

9. Técnicas invasivas:

a) Laparoscopia: Ha representado la prueba “gold estándar” del diagnóstico, aunque tiene algunas limitaciones. Es muy útil en la investigación clínica, pero para la práctica asistencial hay que considerar los riesgos y el coste que supone su realización, ponderando sus indicaciones. Permite el drenaje de colecciones, obtención de muestras, visualización de la pelvis y anejos y permite establecer el diagnóstico diferencial con otras entidades.

b) Biopsia de endometrio: la presencia de células plasmáticas sugiere EIP. Ambas pruebas diagnósticas estarán indicadas en casos seleccionados como un diagnóstico dudoso o fracaso del tratamiento, ya que proporcionan el diagnóstico definitivo de EIP.(41)

10. Pruebas serológicas para C. trachomatis no se recomiendan para el diagnóstico de EIP.

11. Ultrasonografía pélvica: es el examen de imagen preferencial, por ser accesible y no invasivo, principalmente para evaluar posibles complicaciones relacionadas como: absceso tubo-ovárico, y para descartar diagnósticos diferenciales. En la enfermedad inflamatoria pélvica, el principal hallazgo ecográfico sospechoso es una fina camada líquida llenando la trompa, con o sin líquido libre en la pelvis. Exámenes de tomografía y resonancia pueden auxiliar en diagnósticos diferenciales de peritonitis.(42)

 

La laparoscopia es un recurso preciso en el diagnóstico de salpingitis y permite un diagnóstico bacteriológico más completo. Sin embargo, no detecta endometritis e inflamación tubárica de menor intensidad, por lo que no se justifica su uso rutinario en la fase inicial de la enfermedad, debido a su baja sensibilidad, y la morbilidad asociada.(49,50,51,52,53,54,55) La laparoscopia tuvo su gran mérito durante los años ochenta, porque dio lugar a la clasificación diagnóstica de Gainesville,en la práctica, sigue siendo ampliamente utilizada según los hallazgos clínicos y ecográficos, siendo importante para orientar el tratamiento, a saber:

    Grado I - salpingitis sin peritonitis

    Grado II-salpingitis con peritonitis

    Grado III-presencia de un complejo tubo-ovárico subdividido en (hidrosalpinx) y (absceso tubo-ovárico)

    Grado IV- absceso tubo-ovárico roto

    Grado V-cualquiera de los grados anteriores, asociado a tuberculosis genital.(56,57,58,59)

 

CONCLUSIONES

La enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) se posiciona como una de las principales causas de morbilidad en mujeres en edad reproductiva, siendo responsable de significativos impactos en la salud reproductiva, como infertilidad, dolor pélvico crónico y embarazos ectópicos. Su alta prevalencia en adolescentes y mujeres jóvenes sexualmente activas destaca la necesidad de priorizar estrategias de prevención y diagnóstico temprano para mitigar sus efectos a largo plazo.

El diagnóstico de la EIP se ve obstaculizado por la falta de criterios clínicos y epidemiológicos bien definidos, lo que contribuye a una subestimación de su incidencia real. La presentación clínica puede ser variada, desde cuadros oligosintomáticos hasta formas graves que requieren hospitalización, complicando aún más su identificación y manejo. La ausencia de sistemas de reporte obligatorio en muchos países dificulta la recopilación de datos precisos, limitando la implementación de políticas de salud pública específicas.

La etiología multifactorial de la EIP, que involucra patógenos de transmisión sexual como Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis, así como microorganismos endógenos, subraya la importancia de un enfoque integral en su prevención y tratamiento. Los factores de riesgo principales incluyen la edad temprana, múltiples parejas sexuales, historia de infecciones previas y el uso inadecuado de métodos anticonceptivos, factores que deben abordarse mediante campañas educativas y la promoción de conductas sexuales seguras.

El manejo clínico efectivo de la EIP requiere la combinación de diagnóstico basado en criterios clínicos y el apoyo de herramientas complementarias, como exámenes de laboratorio y estudios de imagen. La laparoscopia sigue siendo el estándar de oro en casos complejos o refractarios al tratamiento inicial. Sin embargo, su uso rutinario debe ser evaluado según la gravedad del cuadro y la disponibilidad de recursos.

La prevención se erige como la estrategia más costo-efectiva para reducir la carga de esta enfermedad. Esto incluye la educación sexual integral, el acceso a métodos anticonceptivos de barrera, el tratamiento oportuno de infecciones de transmisión sexual y la implementación de protocolos de profilaxis antibiótica en procedimientos ginecológicos. Además, el fortalecimiento de los sistemas de salud para garantizar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva es crucial para disminuir la prevalencia y las secuelas de la EIP.

En conclusión, abordar la EIP requiere un enfoque multidisciplinario que combine prevención, diagnóstico precoz y tratamiento adecuado. La implicación de profesionales de la salud, junto con políticas públicas sólidas y campañas de concienciación, es esencial para minimizar el impacto de esta enfermedad en la calidad de vida de las mujeres y sus familias.

 

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FINANCIACIÓN

Ninguna.

 

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran que no existe conflicto de intereses.

 

CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA

Conceptualización: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Curación de datos: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Análisis formal: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Investigación: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Metodología: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Administración del proyecto: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Recursos: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Software: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Supervisión: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Validación: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Visualización: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Redacción – borrador original: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.

Redacción – revisión y edición: Yoleiny de la Caridad Lescalle Ortiz, Diosmery Martínez Rojas, Silvio Casabella Martínez, Angel Oshumaré Chacón Alpí.